31 de agosto de 2009

MUSEO DE ARTE ISLÁMICO - QATAR

Arquitecto leoh Ming Pei
















El Museo de Arte Islámico en Doha, la capital de Qatar, inaugurado en noviembre del 2008, es el último gran proyecto del laureado arquitecto Ieoh Ming Pei, no solamente por que es el más reciente, sino porque, a sus 91 años, el maestro ha anunciado que es el último proyecto de envergadura que ejecuta en su larga y galardonada carrera, premiada con un Pritzker en 1983.

Al conversar con la gente local, es palpable el entusiasmo catalítico que este edificio ha generado, en un efecto parecido al Museo Guggenheim en Bilbao, España.

















Frases del arquitecto

"Fui muy cuidadoso acerca de los materiales que se utilzaron en el exterior. Opté por una piedra sólida. Elegimos la piedra Shamisen de Francia como la más apropiada; es suave y a la vez sólida".

"Noté que el sol siempre está allí en la arquitectura islámica. Está animada por el sol. Mi diseño es una humilde interpretación de la arquitectura islámica."


DIBUJOS













plantas 1 y 2






plantas 3 y 4







planta 5






seccion


UBICACIÓN

La bahía de Doha es una conformación geográfica semicircular donde se alojan los más importantes servicios y el centro financiero de esta ciudad. En un extremo de la bahía, se ubica el museo en medio del agua, enmarcado por un amplio malecón curvo, llamado Al-Corniche.






















PROPUESTA

El arte islámico prescinde de representaciones de la figura humana, por mandamiento expreso en el Corán (aunque en la práctica en todos los países musulmanes que he visitado las fotos y pinturas de los reyes, príncipes y emires de turno aparecen por doquier).

















Debido a esta prohibición, la caligrafía, motivos florales y geométricos aparecen como motivos recurrentes en el arte islámico. Por ende, fue la geometría un elemento de ordenación arquitectónica predilecto, como puede verse en el magnífico ejemplo de la Alhambra, en Granada, España, que hemos visto anteriormente en este moleskine.

















A lo largo de su carrera Pei ha sido también un enamorado de la geometría, como puede apreciarse en su propuesta en el Museo de Louvre en París, el Banco de China en Hong Kong o el Museo Miho en Japón. Por tanto, la elección del arquitecto era adecuada, sin embargo éste debía responder al reto de hacer un edificio que representase la cultura islámica, pero que a la vez sea un símbolo de modernidad.
















Este magno espacio es presidido por un par de escaleras escultóricas helicoidales que se despliegan simétricamente y sobre las cuales levita una corona circular con motivos árabes.

La circulación que distribuye a los salones de exposición se organiza en anillo en torno a este gran patio central, que es entrecruzado por dos ligeros puentes de estructura metálica, otro elemento común en la arquitectura de Pei.















A pesar de su apariencia masiva, el interior, recubierto en mármol de tonos suaves y terrosos, se ilumina gracias a una generosa mampara que rasga la fachada, y desde la cual se pueden gozar de espectaculares vistas de la bahía.

A un lado se ubica una pileta de piedra negra, también basada explícitamente en el juego geométrico de cubos girados.
































El interior se organiza alrededor de un gran atrio, cuyo cenit corresponde al cubo más alto de la compisición. Nótese cómo el juego de cuadrados girados se multiplica en esta corona típicamente islámica.

















El arquitecto se inspiró para ello en la mezquita de Ibn Tulun, en El Cairo, Egipto, particularmente por su geometría basada en cubos girados que se van reduciendo conforme ganan altura.

La propuesta de Pei refleja ese uso de la geometría, contundente y claro, pero sin llegar a la monotonía.


















Esta especie de buque geométrico cuenta con su propio muelle, flanqueado por dos esbeltas columnas.

El acceso a esta pieza escultórica de arquitectura se ve remarcado por un eje flanqueado por palmeras, que enmarca la visual y, al estar en una ligera pendiente, le da cierto sentido procesional al ingreso.












El exterior del edificio, de aspecto severo, se recubre de una piedra resistente a la humedad y el agua.

Hacia un lado, una terraza se extiende hacia el exterior, desde donde debe ser muy placentero contemplar la ciudad, especialmente durante los meses menos tórridos. Esta zona se halla definida por una arquería (este gesto es insólito en los edificios de Pei) y trabajada con un juego de espejos de agua, en cuyo centro se aloja una pérgola piramidal.

Desde fuera, su transparencia ofrece un contraste con la masividad del volumen principal.






















Fonte: Mi Moleskine Arquitectónico BLOG

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